La Evolución de la Medicina Fabula

La Evolución de la Medicina Fabula

Esta fabula me gusto mucho ya que se encuentra muy apegada a la realidad, aunque el dialogo que se desenvuelve en España, esto tambien aplica a cualquier parte del mundo donde se práctica la homeopatía, así que te recomiendo que la leas completamente.

FUENTE: http://noesunacrisisesunaestafa.com/la-evolucion-de-la-medicina/

Historias de Catalina

- Abuela, ¿de verdad hubo un día en que la homeopatía estaba prohibida?

- Uy, querida Anika, el cuidado de la salud es uno de los aspectos humanos que más ha evolucionado en estos últimos 50 años.

La abuela Catalina con sus 89 años, frágil pero todavía ágil, continuaba siendo, en esta segunda mitad del siglo XXI, la cuidadora de salud de su núcleo. Sus conocimientos sobre plantas medicinales, homeopatía y reiki, entre muchas otras terapéuticas, la habían convertido desde hacía muchos años en una Mujer Medicina.

Homeopatía Gotas de Salud

Aunque se cansaba con facilidad y sus maneras eran lentas y pausadas, seguía atendiendo a los pacientes que la visitaban así como a toda su familia y vecinos.

Cuando Anika, o alguno de sus hermanos o primos pequeños enfermaban, la abuela Catalina les acomodaba en el sofá cama de la zona de vida de su casa, una amplia habitación con grandes ventanas al sur que ofrecían una estupenda iluminación a toda la sala. Ahí se encontraba la cocina, una gran mesa redonda, de roble antiguo, con varias sillas y un escritorio donde se podían observar libros, carpetas y una vieja tablet. Detrás se veía una copiosa librería y a uno de los lados una gran chimenea, rodeada de dos sofás, dos butacas y varios cojines en el suelo, sobre una gruesa alfombra. En esa zona instalaba a los más pequeños, y les trataba y cuidaba hasta su recuperación. Así lo había hecho también con sus hijos y sus nietos.

De entre todos sus biznietos, Catalina sentía una especial predilección por Anika, de 15 años, por su espíritu inquieto, por sus ganas de aprender, por su curiosidad, por esa mirada tan llena de vida y energía. Por su interés por lo humanístico.

Así pues, cuando esa mañana llamaron a la puerta y se encontró con Jon, su nieto y padre de Anika, con ésta en brazos y una pierna colgando, inmovilizada desde el muslo hasta el pié, la abuela se dió la vuelta, y con una sonrisa de oreja a oreja, ni preguntó. Se dirigió al sofá de los enfermitos, como le gustaba llamarlo, puso algunos cojines como respaldo, desplegó una mantita de lana y lo dejó listo para que Jon acomodara Anika.

La abuela Catalina, con su cuerpecito enjuto, su rostro arrugado y toda una vida a sus espaldas, parecía rejuvenecer en cuanto tenía a algún enfermo a su cargo, y dejaba de ser esa anciana delicada que podía pasar largas tardes sentada frente a la chimenea, para desplegar, pausadamente, todas las tareas necesarias para sanar a un enfermo: cuidados, amor y medicina natural.

Ahora, después de que le contarán lo ocurrido y cuando Jon se hubo marchado -tras dejar sobre la encimera de la cocina una pequeña hogaza de pan, todavía caliente, cortada a rebanadas, leche y huevos frescos ,y unas castañas que había recolectado el día anterior, así como las muletas, para Anika, apoyadas a los pies del sofá cama-,  la abuela Catalina había ido a por el botiquín de homeopatía y con él entre las manos y se había sentado en una butaca, cerca de su biznieta.

 

- Si abuela, ya sé que ha cambiado mucho. Que antes no se practicaba en los hospitales medicina energética, sólo química, bueno, y la diagnóstica,la quirúrgica y la de urgencias, igual que ahora. Eso lo sé, ¿pero, realmente estuvo prohibida?

- No, prohibida, prohibida, no. ¿Quien te ha dicho eso?

- En el hospital, abuela. El médico que me atendió. Después de las pruebas y de colocarme los huesos en su sitio, y cuando iba a inmovilizarme la pierna, le preguntó a la enfermera si me habían dado las gotas homeopáticas para traumas, y como se les había olvidado, el doctor le dio así como una bronca a la pobre. Le dijo algo como que ya hacía muchos años que había dejado de estar prohibida como para que se les olvidase darme el Arnica tan pronto crucé la puerta de urgencias.

- Ya. Y tu Anika, ¿porqué no se le preguntaste a él?

- Ay, es que la reducción me ha dolido mucho, abuela, no estaba de humor, y no me pareció muy amable el tipo. Pensé que ya te lo preguntaría a ti. Lo que sí me dieron fue un analgésico, ahora ya no me duele, así que dime ¿estuvo o no estuvo prohibida?

- Ya. Te entiendo.  Bien. Pues verás…

La abuela continuó hablando mientras, poco a poco, buscaba entre los frascos y tubitos de su botiquín. Los cogía uno a uno, miraba su etiqueta e iba apartando alguno de ellos.

- Prohibida no estuvo, pero paso por muy malas épocas. Durante años la homeopatía sufrió una persecución en toda regla y se orquestaban campañas de desprestigio, de forma permanente. Incluso hubo medicamenterías, farmacias se llamaban entonces, que se negaron a venderla.

- Abuela, yo eso no lo entiendo. Ya sé que hace cincuenta años no estaba muy regulada, y que las investigaciones homeopáticas que existían no eran aceptados por la comunidad científica, ni todo eso,  pero,  si la gente veía que la homeopatía curaba de verdad, ¿cuál era el problema?

- Bueno, es algo complicado de explicar, cariño.  Tómate ésto, anda, que voy a preparar una infusión calentita, con miel, para las dos y una tostadita para tí, que le vendrá bien a tu estómago después del analgésico.

La abuela Catalina le administró unas gotas y dejó el frasco, junto con dos tubitos de gránulos, encima del botiquín, sobre una pequeña mesa auxiliar que había entre la cabecera del sofá cama y la chimenea, delante de su butaca.

Después se levantó pausadamente y se dirigió a la cocina. Era consciente que no había contestado a la pregunta de Anika, pero a sabiendas que la respuesta no era corta, esperó a ver si la chica protestaba por su silencio.

No tardó en hacerlo, y levantando un poco la voz dijo:

- Pues explícamelo abuela, dime: si habían millones de pacientes satisfechos con la homeopatía ¿cual era el problema?¿por qué estuvo casi prohibida o perseguida?

Anika no lo vió, pero la abuela Catalina esbozo una amplia sonrisa y siguió caminando hacia los fogones, mientras pensaba en lo mucho que le gustaba esa chica. Además, la abuela disfrutaba de hacerse de rogar para contar sus historias. Mantener la expectación era una de las tácticas para hacer más interesantes sus relatos.

Cogió una olla pequeña, vertió agua y la puso al fuego. Después se acercó a la chimenea, y empujó, con esfuerzo, uno de los troncos hacia adentro. Jon le había entrado un poco de leña y le había montado una buena hoguera. Luego se acomodó de nuevo en la butaca más cercana a Anika y la miró con una sonrisa. La joven volvió a insistir, ante la satisfacción de su bisabuela:

- Quiero decir que no entiendo qué pegas le veían, o cómo las personas que habían sido curadas con esta medicina no hacían algo para defenderla, para explicarle al mundo que sí era efectiva. Es que no lo comprendo.

- Ay, cariño, si es que antes de la gran transformación todo era muy distinto.

La historia empieza hace un siglo más o menos. Y durante todo este tiempo, la medicina actual, la energética -a pesar de que muchas de sus terapias son milenarias como la fitoterapia y el reiki, y otras centenarias, como la homeopatía- ha tenido que superar tres grandes escollos:

El primero de ellos, fue la farmaindustria.

Durante el siglo pasado la medicina diagnóstica y  quirúrgica avanzó muchísimo. También la medicina química, gracias al desarrollo de importantes fármacos. Tuvo sus beneficios, claro. Pero con ellas se eclipsaron las medicinas energéticas que venían practicándose.

Y para cuando a finales de siglo y principios del actual, el capitalismo y el consumismo empezaron a degenerar, la salud de las personas se había convertido ya, en un negocio para las grandes empresas farmacéuticas.

La salud, nuestra salud, cómo todo, estaba sujeta al interés económico y el máximo beneficio, hasta el punto que también las farmacéuticas perdieron el norte, y dirigían sus investigaciones a fármacos químicos que aliviasen puntualmente los síntomas pero que no curasen definitivamente las enfermedades . Nos convirtieron, a los seres humanos, en enfermos crónicos y adictos a la química.

Y todo ello, tenía lugar con la connivencia de los gobiernos, que colaboraron con la privatización de la sanidad y los impedimentos al desarrollo de la medicina natural o energética.

La abuela miró hacia la cocina y, pausadamente se levantó y se dirigió a una estantería de la que bajó tres tarros de cristal y se acercó, con ellos,  a los fogones.  Extrajo un puñadito de plantas secas de cada uno. Con parsimonia, fue echándolos a la olla, la tapó y apagó el fuego. Fue cerrando los frascos y colocándolos en su sitio. Después  cogió una rebanada de pan y se acercó a la chimenea para apoyarla en un lateral y que fuese tostándose. Finalmente se sentó de nuevo junto a Anika que parecía haberse quedado pensativa. La abuela le acarició la mano y la joven reaccionó.

- Continua abuela, por favor.

- Pues como te decía esa bacanal de consumismo salvaje en la que nos sumergimos antes de que estallase la crisis económica, incluía también el consumo descontrolado de todo tipo de fármacos, que incluso se anunciaban en la tele.

Dolores de cabeza, menstruales, musculares, de espalda, estreñimiento, diarrea, constipado, tos, bronquitis, intranquilidad, insomnio, apatía, para todo te daban unas pastillitas y la gente acabó realmente adicta a los medicamentos químicos.

Y claro, con los síntomas dormidos o tapados, las personas acababan enfermando de verdad. Sin buscar el origen de los trastornos, tuvimos generaciones y generaciones de gente enferma, consumiendo fármacos de forna continuada desde la más tierna edad.

Anika le señaló a su abuela un cojín para que se lo alcanzase, y mientras se lo colocaba tras la espalda, con un leve gesto de dolor, dijo:

- Ya, claro. Bueno abuela, imagino que también tendría que ver todo eso que me contaste de la alimentación, la contaminación y el sedentarismo, ¿n0?

- Si cariño, esa fue otra gran barbaridad de los años del absurdo: mientras la mitad del mundo moría por problemas asociados a la obesidad, la otra mitad se moría de hambre. Qué locura.

A veces la abuela Catalina parecía quedarse absorta en sus recuerdos. A Anika le gustaba adivinar si éstos eran agradables o no, según la expresión de la anciana. Ahora su semblante denotaba tristeza, así que la chica retomó el asunto de las farmacéuticas.

- Ya abuela, pero sigo sin entender cómo pudo la farmaindustria arrinconar a la homeopatía, si ésta se seguía practicando y cada vez más personas sabían de su eficacia y se sanaban con ella.

- Pues verás, antes de empezar este siglo, llegó un momento en que la industria farmacéutica identificó a la homeopatía como su principal enemiga. No sólo porque su fabricación era muchísimo más barata sino porque convertía a los pacientes y consumidores crónicos, en personas sanas.

Y eso, querida, no sólo iba en contra de sus intereses económicos sino que les condenaba a su extinción, cómo finalmente sucedió. Así que, en aquél entonces, se dedicaron a crear y financiar asociaciones y organismos, que encubiertos en lo que llamaron “conocimiento científico”, tenían como objetivo implantar el escepticismo como base de la ciencia.

Fíjate tú qué tontería, sustituyeron el “esto no lo entendemos, vamos a estudiarlo”, premisa inicial de la ciencia, por un “ataquemos toda doctrina que no haya sido demostrada en un laboratorio” dando por hecho que ya no existía nada más por descubrir e investigar. Como si la ciencia y tecnología hubiesen tocado techo. Qué contrasentido, ¿verdad?.

La abuela se levantó y dio un par de pasos hasta la chimenea para darle la vuelta a la tostada. Después cogió el botiquín homeopático y fue a ponerlo en su sitio, dejando sobre la mesa los remedios que había apartado antes  y finalmente volvió a sentarse en su butaca. Ante la mirada interrogante de Anika, prosiguió.

- Pues veras, desde estas asociaciones se celebraban encuentros y charlas en las facultades para desprestigiar a la homeopatía y al resto de terapias naturales. Y poco a poco, se iban sumando blogers y creadores de opinión, que desconociendo completamente la medicina natural, se apuntaban a las teorías de los escépticos.

Anika se apoyó sobre las manos para incorporarse un poco más y aprovechó para preguntar.

- Pero abuela, cuando se demostró científicamente su efectividad, ¿que dijeron todos estos?

- Veras, cuando años más tarde el avance e innovación científica y tecnológica permitieron crear máquinas capaces de demostrar  y mostrar el nivel energético y vibracional del ser humano y de toda la materia, los escépticos, y sus seguidores, quedaron como auténticos tontorrones.

Pero esas evidencias científicas que validaron definitivamente la homeopatía tuvieron lugar hace tan solo unos 20 años, así pues, volviendo a nuestro tema, la cuestión es, que antes del gran cambio, la industria farmacéutica -que llegó a ser el tercer sector económico mundial- se dedicó a financiar el adoctrinanamiento de  generaciones de médicos y científicos que, recién licenciados, se lanzaban a organizar actos contra la homeopatía, y que aparecían en medios de comunicación y tertulias acusando a los homeópatas de estafadores y a sus pacientes de estúpidos.

Su presencia y ataques eran tan continuos y persistentes que consiguieron que una gran parte de la opinión pública creyese realmente que la medicina energética era un timo. La homeopatía, su enseñanza y estudio, su práctica y su consumo como pacientes, se llevaba a cabo de forma silenciosa y eran pocos los que se atrevían a contarlo públicamente o a presumir de ello.

El objetivo de todo esto, era que la homeopatía no acabase universalizada, cómo ya ocurría entonces en países como la India y como ocurre ahora en todo el mundo.

La abuela Catalina miró de nuevo hacia los fogones y se levantó con tranquilidad. Anika quería saber más y levantando un poco la voz mientras la abuela se dirigía a la cocina, dijo:

- Abuela ¿y cómo llegó a superarse todo este asunto de la farmaindustria?

La anciana no contestó, y anduvo hasta la cocina, destapó la olla y olió la tisana. Debió parecerle que estaba en su punto porque cogió una tetera y un colador y vertió el líquido. Siempre las preparaba suaves y una vez estaban en su punto las colaba para que no se pusieran más fuertes. Preparó una pequeña bandeja con dos tazas, miel, unas cucharillas, un plato y la tetera.

También sacó un trozo de queso y lo puso en la bandeja, junto con un pequeño cuchillo. Ella hacía años que no tomaba leche, pero hacía unos quesos riquísimos y a Anika le encantaban. No olvidó el aceite de oliva y una servilleta de tela.  Y una mandarina. Sujetó y levantó la bandeja, y muy concentrada cruzó la sala y la depositó en la mesa auxiliar. Después retiró la tostada de la chimenea y se sentó de nuevo. Notaba la impaciencia en el rostro de la niña. Y no era por comer, era por saber. Entonces respondió.

- Pues verás, el hundimiento de las farmacéuticas sucedió en tres fases. La primera vino con la crisis económica. Los recortes en sanidad y el cobro de los medicamentos iban dejando cada vez más personas sin protección alguna y los ciudadanos se vieron obligados a buscar alternativas.

Muy a pesar de los escépticos, la homeopatía fue ganando adeptos por su bajo coste y curación definitiva de los pacientes. Ayudó mucho, que ya en aquella época internet estaba al alcance de todos y la gente empezó a acceder a los conocimientos básicos de la medicina energética, de forma gratuita. Y claro, una vez iban descubriendo este fascinante mundo de salud y crecimiento personal, ya no lo abandonaban.

Cada vez más y más personas llegaban a la medicina energética y se posicionaban críticamente ante el sistema sanitario basado en la medicina química.

Con las dificultades sociales que acarreaba la crisis económica empezaron a surgir asociaciones de homeópatas que ofrecían sus servicios a personas sin recursos. Aunque eso tuvo su apogeo en la segunda fase.

La abuela Catalina empezó entonces a servir la infusión, y siguió hablando mientras le añadía la miel y removía una de las tazas.

- Esta segunda fase, que empezó con el gran cambio, con el despertar, fue demoledora para la industria farmacéutica.

Cuando se nos cayó la venda de los ojos y toda la sociedad fuimos conscientes de la gran estafa de la salud y de cómo nos habían convertido en objeto de negocio, el desprestigio de la medicina química fue absoluto. Nos dimos cuenta que estos laboratorios farmacológicos dominaban el mundo y empezaron a publicarse todos los estudios que demostraban cómo se estaban forrando a costa de mantenernos enfermos, cómo muchos de sus fármacos causaban más daños al organismo que los beneficios que aportaban, y cómo creaban enfermedades para disponer de nuevos mercados y cómo infundían el miedo amenazando con mortales epidemias, para realizar ventas masivas de fármacos. Fue un gran escándalo, que duró más de tres años. Cuando parecía que ya lo habíamos visto todo, aparecía un nuevo caso, peor que el anterior.

Cuando la abuela acabó de remover uno de las infusiones,  se la acercó a Anika, e hizo lo propio con la otra. Después probó un sorbo y dejó escapar una expresión de satisfacción.

- Uum, riquísima.

Anika asintió con la cabeza. Ella había dejado su taza sobre la bandeja. Y había cogido la mandarina, que ahora pelaba.

- Sí, está riquísima, pero demasiado caliente todavía. Continua contándome, abuela ¿qué paso entonces con las grandes farmaceúticas?

La abuela dejó también su taza en la mesita, y empezó a cortar pequeñas lonchas de queso. Mientras Anika comía la mandarina, la abuela siguió con su historia.

- El descrédito de la medicina farmacológica fue de tal magnitud que las personas iban a su médico y le exigían otros tratamientos distintos al químico.

Ahí fue cuando la mayoría de los profesionales de la salud empezaron a estudiar homeopatía y otras terapias para incorporarlas a su práctica médica diaria. El resultado es que el consumo de fármacos se redujo de forma drástica.

Así que, al inicio del gran cambio, cuando empezamos a legislar la nueva era, se reguló la fabricación de fármacos -que se redujeron a unos pocos-  se prohibió la publicidad de los medicamentos y los regalos a médicos. Se les obligó a invertir en investigación sobre medicina energética y se les excluyó de los ámbitos políticos en los que hasta entonces ejercían presión para obtener un trato de favor.

Al final incluso juzgamos a políticos y altos cargos de la industria farmacéutica por muchos de sus fraudes que costaron la vida a miles de personas.

Catalina puso la rebanada de pan sobre el plato, y le añadió una dosis generosa de aceite. La cubrió con queso y se lo ofreció a Anika, quién, sujetándola con una mano y con la otra manteniendo el plato debajo, para no manchar la manta, le dio un bocado. La abuela cogió la servilleta y se la dejó a su alcance.

Anika le dio las gracias con un gesto de la cabeza, expresándole con la mirada el deseo de seguir escuchando su relato.

- Pero lo más importante fue la repulsa social a los medicamentos químicos y el consecuente éxito de las terapias energéticas.

Hubo un fenómeno curioso, y es que un grupo de pacientes de homeopatía, así como homeópatas, médicos y terapeutas,  veterinarios y otros profesionales de la salud empezaron a instalar mesas informativas en las plazas y parques los fines de semana, y explicaban qué eran y cómo funcionaban la homeopatía, el reiki, la acupuntura, y tantas otras terapias. Incluso llegaron a plantarse frente a hospitales y farmacias y ofrecían consultas gratuitas a quienes no podían pagarlas.

Llegó un punto, al principio de la nueva era, que todo homeópata o terapeuta que se preciase, tenía que tener un horario de atención a personas sin recursos.

Gracias a estas acciones, que tuvieron gran repercusión mediática, el gobierno empezó a ofrecer formación en naturopatía a quienes ya estaban ejerciendo y la incorporó en todas las carreras universitarias de la salud.

Anika hizó un ruido, con la boca llena y lo acompañó de un gesto con la mano, como levantándola para pedir la palabra. Catalina la miró sonriente. La chica acabó de engullir el bocado que estaba masticando, y por fin planteó su duda.

- ¿Y los escépticos que decían de todo esto?

- Uy, muchos continuaban aferrados a sus posiciones, pero la gente ya no les escuchaba ni quería saber nada de ellos. De hecho les cerraban la boca rápidamente con las vergüenzas de la medicina química.

Por último, existió una tercera fase, en la cuál la farmaindustria se vio reducida a lo que es ahora, investigación y fabricación regulada de unos pocos medicamentos químicos. Esta empezó, como ya te habrás imaginado, con los avances que llevaron a la evidencia científica, y que ya hemos comentado. Demostrar científicamente cómo actuaba la homeopatía fue, también, el segundo gran escollo que la medicina energética tuvo que salvar para llegar a lo que es hoy en día.

La abuela Catalina hizo una pausa para coger su taza y dar unos sorbos. Anika la emuló. Ambas se quedaron con las tazas entre las manos y la anciana continuó con su relato.

- Pero una vez el mundo científico logró demostrar que toda materia emana una vibración energética y que toda persona es como una orquesta musical única, en la que cada órgano y sistema vital tiene su propia vibración y añade una “nota” a la melodía final; una vez se concluyó que cada emoción y sentimiento negativo logra alterar y desequilibrar esas vibraciones y que cada vez que una de ellas se desequilibra acaba surgiendo un síntoma; una vez que tuvieron la tecnología que mostraba con imágenes todo esto, y sobre todo, una vez descubrieron que en la naturaleza, y no en la química, están las fórmulas para restaurar el equilibrio de toda vibración alterada en los seres vivos, entonces sí, la medicina química se vino abajo y la homeopatía se situó como terapia predominante.

Las grandes farmaceúticas quebraron y fueron los gobiernos los que tomaron las riendas de la cobertura sanitaria, fomentando e implantando la medicina energética tal y como tu la conoces. El cuidado holístico de la salud se enseña desde las escuelas infantiles, y la atención pediátrica, familiar y de la mayoría de especialidades es homeopática.

También es cierto que las últimas generaciones estáis saliendo todos muy sanos.

Dijo finalmente la abuela con una sonrisa. Anika se retrepó en los cojines, dio un sorbo a su tisana, y preguntó:

- Abuela, pero has dicho que hubo tres obstáculos. La farmaindustria, la evidencia científica y ¿cuál fue el tercero?

- Estás en todo, ¿eh, Anika?

La abuela lo dijo con satisfacción, con el orgullo dibujado en el rostro. Pero pronto cambió su semblante.

- El tercer escollo que la homeopatía tuvo que superar fue el más doloroso, porque estaba en casa.

Cómo si no tuviésemos suficiente con los ataques de la farmaindustria, y la ausencia de lo que denominaban evidencia científica, que daba alas a los escépticos, los homeópatas empezaron a pelearse entre ellos. Médicos y terapeutas enfrentados.

Los primeros, se arrogaban el derecho a prescribir homeopatía basándose en que sólo ellos, podían realizar un correcto diagnóstico y seguimiento de las enfermedades que padecían los pacientes, lo cual era cierto, claro. Y los segundos argumentaban que la medicina energética no cura enfermedades y sí enfermos y que por tanto, con una excelente formación, y colaborando con la medicina diagnóstica, podían perfectamente prescribir homeopatía y tratar a las personas. Lo cual, era también cierto.

Anika estiró el brazo y dejó la taza sobre la mesita. Se limpió las manos y la boca con la servilleta y aprovechó para preguntar.

- ¿También son de esa época las disputas entre homeópatas unicistas, pluralistas y complejistas?¿verdad? recuerdo que me lo contaste.

- Si querida, también son de esa época. A los pacientes y a quienes estábamos estudiando homeopatía nos causaba mucha pena. Era el momento de actuar en conjunto frente a los ataques que estábamos sufriendo, y sin embargo no éramos capaces de salir cada uno de su compartimento estanco para hablar con una sola voz.

- Pero abuela, y después de la gran transformación ¿todo eso no cambió?

La abuela sonrió, y haciendo una pausa para darle más interés a su respuesta, añadió:

- Querida, la gran transformación nos devolvió la humanidad que muchas personas, y todo el sistema, habían perdido. Pero no nos trajo la perfección.

La relación entre los distintos colectivos homeópatas mejoró mucho tras el despertar, sí, pero ese conflicto no desapareció hasta que la evidencia científica y los descubrimientos que ello acarreó mostraron claramente a la humanidad que todas y cada una de las terapias lograban mejorar los desequilibrios energéticos, tras lo cual se redactó una fantástica regulación de la práctica de las medicinas naturales que vino a poner fin al desencuentro.

La abuela Catalina dejó también su taza sobre la bandeja e hizo una larga pausa mientras miraba a su biznieta con una sonrisa. Y  a modo de final, añadió:

- Recuerda, querida Anika, que tod@s seguimos teniendo mucho que aprender y mejorar como personas, sólo que desde la gran transformación, ahora todos somos conscientes de ello. Y sólo por este hecho, desde entonces, la humanidad está dando pasos de gigante en su evolución.

- ¿Abuela?

- Sí, dime cariño.

- Sabes eso que tú siempre dices, que todo lo que nos ocurre es por algún motivo, que es la manera que tiene nuestro cuerpo para decirnos lo que nos pasa y lo que necesitamos.

- Aja… sí.

- Pues abuela, yo creo que me caí por las escaleras del autobús esta mañana, y me he roto dos huesos porque tenía que quedarme unos cuantos días aquí contigo.

La abuela la  miró con ternura y estiró un brazo ofreciéndole la mano a Anika, que se la cogió rápidamente, acariciándola con las suyas.

- ¿Así que crees que lo que te ha pasado ha sido para que estemos aquí hablando tú y yo?. Vaya, vaya Anika. Qué lista eres. ¿Sabes una cosa? eso mismo he pensado yo también, en cuanto he abierto la puerta y os he visto a Jon y a tí, con esta pierna tiesa que te han puesto.

Ambas rieron y se  miraron complacidas. Había tanto amor, admiración y complicidad entre ellas, que se quedaron así unos segundos, queriéndose con la mirada, con las manos cogidas y el semblante iluminado con una sonrisa.

Después Catalina, dándo unas suaves palmaditas a las manos de Anika, dijo:

- Ahora suéltame esta mano, querida mía, que voy a recoger esto, a echar unos leños al fuego, y vuelvo contigo, para que pensemos a qué podemos dedicar este fabuloso encuentro que la vida nos ha regalado por sorpresa.

 

Sobre: Homeópata Raymundo

Raymundo Martín del Campo Cruz ha escrito 931 articulos en este sitio.

Licenciado en Homeopatía por el ISEG, DGP 6054716, autor de este sitio web, atención de pacientes en el Consultorio Homeopatíco SIMA. Para apartar una cita favor de ir al siguiente enlace Cita

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